Sindrome de Peter Pan





ME CASÉ CON PETER PAN!


El amor a la madre jamás muere, pero se supone que evoluciona: no se aferrará a ella un adulto de 30 años o más, de igual forma que un niño de ocho.

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“¿Cómo?, ¿la comida no está lista?, ¿por qué mi camisa no está planchada? ¡Aprendé a cocinar como mi mamá!”. Parece una rabieta de niño, pero son expresiones de adultos, quienes no han asumido su nuevo rol de esposos y esperan que su mujer sea un duplicado de su propia madre.

Este comportamiento infantil y dependiente se le conoce como “mamitis aguda” y más modernamente como “síndrome de Peter Pan” (SPP) . Se trata de hombres —y a veces mujeres— que llegan a una edad adulta, pero continúan sin asumir total responsabilidad de su vida.

Si bien es cierto desde la concepción se desarrolla una dependencia natural hijo-madre, con el tiempo debe dar paso a hijos independientes, con personalidad propia, seguros de sí mismos y capaces de dirigir su existencia.

A veces este proceso no se da por diversas razones, una de ellas es el patrón cultural establecido e inconsciente donde la madre es quien cuida de los hijos y, por tanto, es con ella —y no con el padre— con quien se establece la relación más estrecha. En grado extremo, esta función se convierte en sobreprotección que deriva en hijos inmaduros e incapaces de enfrentarse a la vida solos o en personas egoístas y egocéntricas, acostumbradas a ser el centro de la atención de los demás.

En su nuevo hogar

Un hijo con “mamitis” al casarse y fundar su nuevo hogar espera continuar siendo atendido como todo un rey. Pero ¿qué pasa en los matrimonios de ahora, donde la mujer trabaja fuera de casa y quizá hasta vuelva al hogar más tarde que él? Sencillo, él también tiene que asumir las tareas del hogar, como hacer la comida, lavar los platos, cuidar los niños o pagar los recibos.

Este nuevo estilo de vida con menos libertades y mayores obligaciones ya no le resulta tan placentero al joven “Peter Pan” y vienen las típicas quejas: “Ella no me comprende”, “en mi casa sólo hay problemas”, “atiende más a los niños que a mí”.

La culpa siempre la tienen los demás y la salida suele ser la evasión de los problemas en una búsqueda de nuevos placeres como salir con amigos, aventurarse en infidelidades o abandonar el hogar.

En este caso, no es extraño que regrese a su casa materna, donde recobrará sus privilegios y volverá a sentirse comprendido, sobre todo si su mamá o la familia entera asumen el papel de rival de la esposa, reflejado en frases como “pobrecito, mi hijo; mala mujer la que le tocó”, una actitud mucho más dañina porque contribuye a perpetuar su comportamiento infantil.

También hay esposas que con tal de salvar su matrimonio toman el rol de madres de sus cónyuges, tomando ellas las decisiones importantes y sobrecargándose a sí mismas de tareas tan personales, como elegirles la ropa. Esto a la larga resulta desgastante para ellas y poco constructivo para ellos.

Cambio de rumbo

Con un panorama así pareciera insalvable el matrimonio, pero no es así siempre que exista voluntad de ambos. En principio, el “Peter Pan” no se da cuenta de que es su falta de madurez la causa principal de su frustración; por ello, el primer paso es que la pareja haga una autorreflexión profunda y objetiva.

Quizá hacerlo solos no resulte, por ello es conveniente buscar ayuda externa, ya sea con un grupo de amigos de la pareja, como otros matrimonios con relaciones más sólidas, con un líder espiritual en quien ambos confíen o bien acudir a un terapeuta de familia profesional. La idea es que haya un interlocutor para generar un diálogo abierto y constructivo y no una discusión con cargas afectivas que enciendan rencores y resentimientos.

Otra opción es recurrir a libros de autoayuda e incluso se recomienda que ambos pidan a ese ser superior en el que crean para que les ayude a tomar las decisiones correctas sin dañar a nadie. El objetivo es iniciar un proceso de cambio de actitudes fundadas en la comprensión y respeto mutuo, para construir un hogar donde los dos se sientan realizados.

Por Betty Carranza para http://elsalvador.com

03 11 2009 por Circe | Escrito en Pareja.

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